El día de los libros

Cuando estuvimos en febrero en la Feria del Libro de Casablanca, uno de los libreros le dio su tarjeta a T. y J.M. y les comentó que, cuando quisieran, lo llamaran y les enseñaría su almacén, donde tenía muchos más libros.

Llevábamos ya tiempo diciendo que teníamos que ir, así que esta semana quedamos con el librero, monsieur Z. y nos vimos por la tarde en un lugar céntrico de la ciudad.

El señor llegó en coche, acompañado de un ayudante, y nos dijo que nos subiéramos, que nos llevaba hasta su almacén. El recorrido fue largo, tardamos unos veinte minutos aproximadamente en llegar.

El almacén de los libros estaba en Ain Sebaa, en una zona en la que nunca antes habíamos estado. De hecho, creo que la única vez que he estado allí fue en la estación de trenes hace muchísimo tiempo.

Monsieur Z. abrió una puerta metálica y nos hizo entrar. A mano izquierda, subiendo un pequeño escalón, estaba el almacén.

Había libros de pintura, de fotografía, de animales, para niños… Estuvimos revolviendo un poco por allí (o mucho, que creo que muchos de los libros los cambiamos de sitio) y, cuando parecía que habíamos terminado, monsieur Z. nos dijo que teníamos dos pisos más que visitar.

El almacén era en realidad una casa de varios pisos.

En el piso superior había libros incluso en la cocina. Subimos otro piso más y seguimos cotilleando un poco. Sin embargo, parece que lo más interesante esta en el primer lugar que habíamos mirado, así que volvimos y rebuscamos un poco más entre los montones de libros apilados.

Vimos libros sobre el Yant Sé, Tamara de Lempicka, Zurbarán, Picasso, los leones de Venecia, las truchas, las ballenas…

Yo me hice con tres: uno sobre arte en la antigua Grecia, otro de recetas de la cocina italiana y uno sobre monumentos del mundo. Los tres eran en tapa dura, grandes y gordos (entre 300 y 400 páginas) y pagué poquísimo por ellos. Por poner un ejemplo, el de Grecia me costó el equivalente a unos 9 euros.

Pagamos y, para volver a casa, de nuevo monsieur Z. nos llevó en su coche y nos dejó muy cerca de casa. Durante el viaje nos habló de la inmensidad de Casablanca, de sus vacaciones en España, de su hija…

Agradecimos su amabilidad y nos despedimos hasta la próxima ocasión. Lo cierto es que fue una tarde muy interesante.